'' donde hay un deseo, hay un camino ''

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La batalla contra las estatuas de colonizadores británicos en Sudáfrica

“¡Que te jodan Rhodes! fuera de nuestras vidas, en estas calles y en este país no hay espacio para asesinos”, grita una estudiante sudafricana mientras tira un bote de pintura contra la estatua posada en la parte trasera de un camión. Después de semanas de protestas la estatua de Cecil Rhodes, colonizador y empresario británico, fue trasladada el pasado jueves desde la Universidad de Ciudad del Cabo (UCT) a un lugar aún por determinar. Desde primera hora de la mañana se percibía que esta sería una jornada movida. Emoción y muchos nervios entre los alumnos y algunos profesores que llevan un mes luchando para que la figura que rinde homenaje al legado del imperialismo abandone el lugar donde lleva 86 años. Como dice un estudiante de Derecho, “no ha sido fácil, los que continúan pensando que Rhodes hizo grandes cosas por este país son pocos, pero muy poderosos”. A las espaldas de Cecil John Rhodes (1853–1902) pesan miles de muertes de africanos que mandó asesinar por su deseo de explotar este continente. El político británico organizó un ejército de mercenarios que utilizó para colonizar Zambia y Zimbabue, impuso las costumbres británicas y arrasó culturas locales. En poco tiempo se hizo millonario con las explotación de las minas de diamantes. Por este tipo de cosas, Rhodes es uno de los personajes más odiados en el sur de este continente. Organizados alrededor del movimiento Rhodes must fall (Rhodes debe caer), estudiantes, trabajadores universitarios y simpatizantes portan camisetas y pancartas con lemas como: “El sufrimiento negro no se vende”, “descolonización ya”, “nuestra voz debe escucharse”, “haciendo historia, no destruyéndola” o “por Thomas... read more

Navegando por la cuna de los faraones

Si eres de los que odia las aglomeraciones, de los que te gustaría que cerraran una ciudad para ti y quieres visitar un lugar que guarda una historia apasionante: es el momento de que viajes a Egipto! La inestabilidad política de este país y la situación en Oriente Próximo provocó que en los últimos años el turismo decayera considerablemente. Pero la cuna de los faraones continua siendo un lugar seguro para viajar, los precios en restaurante y hoteles son muy reducidos y sus habitantes son excelente anfitriones. Esta vez vamos a viajar de una forma diferente, nos trasportaremos en el tiempo mientras navegamos en barco entre Luxor y Asuán. Lo haremos relajados, envueltos en el romanticismo que el río Nilo trasmite y nos empaparemos de toda la cultura e historia que Egipto alberga. Retrocede 5000 años y traspórtate a Luxor, una ciudad que fue la casa de Tutankamón, Ranses II y otros muchos faraones, y que hoy está considerada como uno de los mejores museos al aire libre del mundo. Allí está el templo de Karnak, el complejo religioso más importante del Antiguo Egipto. Paseando entre esfinges, obeliscos y el patio de las 123 columnas gravadas te darás cuanta de porque es el segundo monumento más visitado del país tras las pirámides de Guiza. El templo de Luxor, que se conserva en excelentes condiciones, fue levantado en las dinastías XVIII y XIX y está dedicado a Amón (dios del viento). Entre otras muchas particularidades, recuerda que el obelisco del la plaza de la Concordia de París proviene de aquí. Al día siguiente, dedica la jornada a conocer el valle de los Reyes y de las Reinas y... read more

Yemen, caminando al borde del precipicio

Con un reciente golpe de estado, enfrentamientos con decenas de víctimas mortales en el sur del país y la mayoría del personal diplomático evacuado, Yemen no se presentaba como el mejor destino. En el aeropuerto de Saná comprobé que los viajeros habían sido sustituidos por militares, lo que era un adelanto de lo que me iba a encontrar en aquella capital. A la salida de la terminal dos jóvenes soldados con una bola de qat en el carrillo derecho se acercaron a mí para saber a dónde iba. Les respondí que hacia el centro y les pregunté si era seguro. Uno de ellos, el que a duras penas hablaba algo de inglés, me dijo: “ahora sí, las cosas están cambiando, puedes estar tranquilo, los extranjeros siempre son bien recibidos”. Traté de obviar el reciente secuestro de una trabajadora francesa del Banco Mundial y sonreí. En la parte trasera de aquel destartalado taxi avanzaba hacia el centro de Saná con  una mezcla de acojone y emoción. Miedo, por la inseguridad derivada del caos reinante en el país durante los últimos meses. Emoción, por poder conocer de primera mano lo que de verdad estaba pasando en Yemen. Dejé mis cosas en el hotel y di una pequeña vuelta por el barrio de Al Wahdah. Quería un guía que me acompañara a lo largo de la jornada y que me hiciese de traductor cuando fuera necesario. Tras hablar con varias personas, conocí a Ahmed, un somalí que había emigrado hacía dos décadas a Yemen. Este cincuentón, conductor de autobús desempleado, con seis hijos y dos nietos, sería mi sombra en Saná. Nos montamos en... read more

Zanzíbar, viajando a través de los olores

Esta isla africana fue cárcel de esclavos, protagonista de novelas y uno de los puntos de intercambio comercial y cultural más importantes del Índico. En su intensa y agitada historia Zanzíbar siempre se distinguió por su olores, cada influencia que llegaba hasta aquí traía consigo una esencia nueva. Por su situación estratégica a orillas del Índico fue objeto de deseo de varios imperios a lo largo de la historia. Hasta que pasó a formar parte de Tanzania en 1964, Zanzíbar (o Unguja en suajili) estuvo colonizada por los persas, dominada por sultanes árabes, ocupada por portugueses y británicos, e incluso consiguió ser una nación independiente durante un corto espacio de tiempo. Zanzíbar jugó durante varios siglos un papel clave en el comercio mundial. Era el puente a través del cual se exportaba oro, marfil y esclavos del continente africano hacia Europa y el sur de Asia. A su vez, se importaban tejidos, cerámica y especias de Arabia y la India. Fue tal la relevancia que adquirió esta isla, que en 1840 el sultán de Omán trasladó su corte desde el golfo Pérsico hasta aquí. Todos estos imperios e intercambios comerciales trajeron hasta la isla riqueza, cultura, religión y un sinfín de fragancias. Los comerciantes del siglo XIX reconocían a varias millas de la costa que estaban llegando a Zanzíbar por el intenso y agradable aroma que llegaba de las plantaciones del interior. Aunque, no todo eran olores exóticos, Livingstone apodó al archipiélago ‘Stinkibar’ (lugar maloliente), por los fuertes hedores generados por el aumento de la población en núcleos sin el adecuado sistema de alcantarillado. STONE TOWN  La que fue... read more

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