En el camino encuentro las respuestas

Eran las 4,30 de la madrugada cuando entraba en la estación de tren de Nampula, en Mozambique. Mi propósito era cruzar el país a lo ancho hasta llegar a Cuamba. Aunque pasado a euros no había demasiada diferencia entre viajar en el destartalado vagón de tercera clase y en el quiero y no puedo de la ejecutiva, decidí hacerlo en el más económico.

Los vagones de clase popular ya olían mal antes de llenarse, un adelanto de lo que sería el viaje. Las primeras horas las pasé adormilado, refugiado en mi asiento tomando algunas notas. Quienes me conocen saben bien que no soy un hombre de alegres despertares y menos cuando la noche anterior ya la había pasado viajando.

Tren mozambique

A medida que abría el día el interior del tren empezaba a llenarse de vida. Cambio de asientos, llantos de niños con hambre, pasajeros que se colgaban de las ventanas para comprar comida en cada parada y un millón de gestos.

En una de las estaciones aprovecho para comprar unos plátanos y unos cacahuetes, dos productos que encuentras en cualquier parte de este continente. Entre los vagones aparecen dos niños, sus caras y sus ropas hablan por ellos. Mirando a estos jóvenes ya te das cuenta de que ellos llegaron tarde al reparto de la suerte.

Los chavales viven en las vías. Se refugian entre los trenes y se ganan la vida cargando bultos a cambio de unas monedas. Comparto unos plátanos y una breve conversación. Con mal cuerpo vuelvo a montarme en el convoy deseando que algún día abandonen esa perra vida.

niños de la calle

A las cuatro horas de haber empezado el viaje, el tren se detiene, pero parece que no va a ser para dejar y recoger pasajeros. Mis compañeros de vagón bajan y se sientan a los pies del convoy. Pregunto que pasa y me dicen que hay obras en la vía. Ante mi duda de cuanto tiempo estaremos parados solo encuentro sonrisas y miradas incrédulas. Está claro, cuando terminen los trabajos arrancaremos de nuevo.

Bajo a estirar las piernas y a mezclarme entre aquella multitud. Pequeños grupos de gente sentados matando el tiempo. Los chavales juegan a que son ellos quienes conducen el tren. A mi alrededor, plantaciones de trigo y alguna pobre cabaña con techo de paja.

Se ha corrido la voz en la zona de que hay un tren parado. Los locales han visto el negocio y han encendido los fogones. Desde los pueblos de alrededor llegan gentes con galinha frita, buñuelos, mandioca y arroz con verduras. Aquí nadie pierde la oportunidad de ganar unos meticais (moneda mozambiqueña) en este improvisado mercado.

tren mozambique

Suena dos veces la bocina del tren, parece que han terminado de reparar la vía. Varias horas después los pasajeros vuelven a sus asientos y el convoy comienza su lenta andanza. Antes de entrar me detengo en la puerta a mirar el vagón. El ambiente está apagado. El cansancio se ha apoderado de los pasajeros. El suelo es un mural. Hay meos de niños, plumas de gallina, restos de fruta y desperdicios varios. Parece que llevamos un mes aquí metidos.

Son las 17,30 horas. Anochece. Cielo anaranjado sobre extensos cultivos. Algunas veces aparecen pequeñas montañas que alteran la monotonía de las llanuras. El tren se detiene de nuevo, esta vez por una avería de la locomotora. Como ya cayó la noche, la mayoría de los pasajeros permanecen en sus asientos.

El Parlamento

Oigo detrás de mí el inicio de un intenso debate. Me pongo de lado y trato de alcanzar el hilo de la conversación. Hablan sobre uno de los principales problemas de Mozambique: la maternidad adolescente. Daniela comenta con otra joven que las mujeres deben ser más responsables a la hora de casarse y tener relaciones sexuales. Esta mujer de tez oscura y trenzas peinadas por un arquitecto tuvo una niña a los 16 años con el hombre equivocado. Ahora, con 25 y criando sola a su hija, dice que escoge muy bien con quien pasa su tiempo.

mulher mozambicanaEl 48% de las mujeres de este país se casan antes de los 18 años, y un 13% antes de los 15. Muchos de estos matrimonios son forzados. Esto guarda una relación directa con la maternidad adolescente, el 40% de las niñas mozambiqueñas se quedan embarazadas antes de alcanzar la mayoría de edad. (1)

Un hombre de piel arrugada, gesto serio, sombrero y una desgastada chaqueta de cuadros lanza: “tenemos que seguir el mensaje de Dios, no debemos de mantener relaciones sexuales hasta el matrimonio”.

Daniela le mira fijamente, levanta el dedo índice y dice: ”no, no, eso no. Entonces te enamoras, te casas y resulta que cuando vas a la cama te das cuenta de que ‘eso’ no funciona, ¿y ahora qué haces?, ¿vas a la tienda y devuelves a tu marido?, no puedes”. Todo el vagón ríe. Daniela concluye, “con sentido común y protección, pero hay que probar antes de casarse”.

Una señora que aparenta más años de los que seguramente tiene, replica: “no es solo consciencia, el gobierno debería perseguir activamente los abusos sexuales”. Se muerde el labio inferior, acaricia la cabeza de un niño que tiene en su regazo, coge fuerza y dice, “este es mi biznieto, su madre tiene quince años y su padre nos sabemos quien es”.

mujeres mozambique

El año pasado el gobierno mozambiqueño estuvo a punto de aprobar una reforma legal que preveía la retirada de cargos penales contra los acusados de violación si se casaban con su víctima. Finalmente, ante las múltiples protestas de las organizaciones sociales, se retiró este punto del proyecto del nuevo Código Penal.

Daniela tuerce el gesto y se incorpora en su asiento. “El gobierno debe actuar, se deben aprobar normas más severas contra los violadores. Pero a la vez, la sociedad no puede ser cómplice cuando conozca estos casos. En este país todos saben, pero nadie habla”. Varios pasajeros, no sé si por vergüenza propia o ajena, giran la cabeza. Otros miran por la ventana donde la oscura noche no muestra nada y esconde todo.

Daniela tiene madera de congresista. Todo el vagón le presta atención y se mueve bien con las indirectas que le lanzan. En medio del acalorado debate me mira y me dice con gracia: “¿y tú blanquito, qué piensas de todo esto?”. Le comento que yo también percibí ese problema del que ellos hablan.

Ante un auditorio cada vez más pendiente, cuento que hace unos días en Lumbo, un pueblo de la costa, me paré a hablar con una niña de catorce años que llevaba a su hermana a la espalda colgada con una capulana. Al cabo de unos minutos me dijo que no era su hermana, que era su hija. En los sucesivos días me interesé por el tema y conocí varios casos más, muchos de ellos dramáticos, con padres que doblan o triplican la edad de esta niñas y que tras dejarlas embarazadas, desaparecen para siempre.

En las caras de los que me rodean veo que ellos saben mejor que yo de lo que hablo. Pregunto por el origen de este problema y la falta de soluciones. Una señora sentada un par de filas detrás de mí, responde. “En Mozambique decimos que el mayor patrimonio del país es un hijo, aquí, por muy joven que seas o aunque no tengas para alimentarte, no se ve como un problema, es riqueza”.

niños mozambique

Interviene Constantino, un profesor jubilado con el que más tarde tendré una buena conversación. “En este país no se piensa en mañana, se piensa en hoy. No se evalúan las consecuencias de cada acto, simplemente se actúa”.

“A mi parecer – continua el maestro- la primera medida sería una buena formación, tanto los gobernantes como el pueblo deberían de asumir que existe un problema. Al igual que la corrupción, las elevadas cifras de maternidad adolescente son un problema que ahoga a nuestro país. Deberíamos de asumirlo y combatirlo. Es necesaria la educación en los hogares, y la formación moderna y de calidad en las escuelas”.

Un par de filas más adelante, un veinteañero le replica y dice que es un exagerado, que la educación en Mozambique es bastante buena, que la maternidad adolescente es un tema cultural. Constantino mueve la cabeza de lado a lado y le responde: “las sociedades avanzan y las costumbres cambian. Aquí no se evoluciona porque tenemos un sistema educativo muy deficiente y obsoleto”. La tasa de analfabetismo en Mozambique según la ONU es del 49%.

El maestro habla desde la experiencia de varias décadas enseñando en varias aldeas de todo el país. “No es normal que miles de niñas tengan que dejar de estudiar con catorce y quince años para cuidar de sus hijos y ponerse a trabajar de cualquier cosa, muchas veces viéndose obligadas a mendigar o prostituirse”.

madre sobreviviendo

“La maternidad en la adolescencia, cuando no tienes ni formación ni recursos, te lleva directamente a la pobreza”, añade. Las mujeres representan apenas el 5% de los alumnos que realizan estudios superiores en este país.

En Mozambique hay más de 12 millones de niños que representan el 52% de la población total. La tasa de natalidad es de 5,12 niños por mujer. En la mayoría de los casos los ingresos familiares no alcanzan para alimentar a todos los hijos, por lo que algunos miembros mueren muy pronto. La esperanza de vida en la excolonia portuguesa es de 53 años.

Constantino mira al veinteañero y sentencia: “si las escuelas de Mozambique tuvieran un buen nivel los hijos de los políticos no estudiarían en el extranjero”. Daniela se levanta y pide una ovación. La mayoría del vagón aplaude al maestro.

Lo que comenzó siendo una conversación con el compañero de asiento desembocó en un intenso y enriquecedor debate entre todos los pasajeros del vagón. Allí nadie permaneció indiferente, no había miedo a opinar. Aquello era igual a un Parlamento. Se interrumpían, exageraban y teatralizaban.

mirada mozambiqueña

Presenciar debates improvisados como este, colarme en la vida de personas anónimas o descubrir la esencia de nuevas culturas, son la principal causa de los miles de km que llevo recorridos en los últimos seis meses a lo largo del continente africano. Fue así cómo encontré algunas de las  respuestas a uno de los grandes problemas que asolan Mozambique.

Pasada la media noche, después de veinte horas de viaje, llegamos a Cuamba. Esta vez con nueve horas de retraso. Siguiente reto, buscar donde dormir.

 

REFERENCIA:
  1. Francisco, Albino (2014). ‘Situaçao dos casamentos prematuros em Moçambique. Tendencias e impacto’. Estudio presentado en la IV Conferência Nacional sobre Mulher e Género (Maputo, 24 de abril de 2014).

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